sábado, junio 20, 2009

Richard Evans Schultes y las plantas alucinógenas

Desde el comienzo de la historia de la humanidad las plantas alucinógenas han formado parte de la misma siendo a la vez, objeto de veneración, temor y prácticas de las más variadas, desde curativas a sagradas, desde introspección a extroversión, desde sacrificios a festejos.

En los primeros años de la década 1960-1970, este tipo de plantas saltaron de los chamanes a occidente de la mano de la psicodelia y avaladas por prestigiosos nombres que las estudiaron y experimentaron con ellas. Aldoux Huxley, Humphry Osmond, Tim Leary, Albert Hoffman, Francis Crick o William Burroughs, por citar solo a unos cuantos. Pero nada hubiera sido igual para ellos sin el trabajo, la intuición, inspiración e influencia de un hombre llamado Richard Evans Schultes.

Schultes, considerado el padre de la etnobotánica, viajó durante más de catorce años seguidos por remotos confines de la Amazonia socializando y aprendiendo con y de los chamanes de tribus indígenas, como la tribu Cofan. que le enseñaron propiedades curativas de plantas totalmente desconocidas para la ciencia. Cuando murió en 2001, a los 86 años, había documentado más de 300 nuevas especies, de las que más de 120 llevan su nombre, de las 24.000 que había recogido, y catalogado el uso de más de 2.000 plantas medicinales. Humilde, siempre reconoció que todo se lo debía a los indígenas de las regiones que había visitado y con los que había convivido.

Incluso la CIA en plena guerra fría llegó a utilizar los trabajos de Schultes a través de un proyecto llamado MK-ULTRA empleando a veteranos de la II Guerra Mundial como conejillos de indias con los que experimentar el efecto de diversos tipos de drogas, entre las que se encontraba el LSD. Uno de aquellos conejillos no fue otro que el autor del best seller y oscarizada película, Alguien voló sobre el nido del cuco, Ken Kesey.

En el prefacio de su obra: Plantas de los dioses -las fuerzas mágicas de las plantas alucinógenas-, escrita junto a Hoffman y Christian Rälsch se puede leer:
Las primeras formas de vida en la Tierra fueron de tipo vegetal. Las plantas fueron la base para el desarrollo de formas de vida superiores, del reino animal y finalmente del ser humano. La cubierta verde de la Tierra tiene una relación maravillosa con el sol(...) Así el reino vegetal no sólo provee los alimentos para desarrollar nuestro organismo y las calorías para cubrir nuestras necesidades energéticas, sino también las vitaminas esenciales para regular el metabolismo y muchos principios activos empleados en los medicamentos.

La intima relación entre el mundo vegetal y el organismo humano se manifiesta en particular en que algunas plantas producen sustancias que pueden influir en las profundidades de la mente y del espíritu. Los efectos maravillosos, inexplicables y hasta pavorosos de estas plantas aclaran lo importante que fueron en la vida religiosa de culturas antiguas y la veneración como drogas mágicas y sagradas con que son tratadas aún por ciertos grupos nativos que conservado sus tradiciones. Este libro se ocupa de dichas plantas [*]
Richard Evans Schlutes solía decir que un chamán de la tribu Cofan nunca se sorprendería de lo que pudiera ver a través de un microscopio porque la ingesta de algunas de estas plantas, precisamente, hace ver el mundo como si se viera a través de un microscopio.

Más tarde, ahora se cumplen cuarenta años de ello, la administración Nixon estableció la diferenciación entre drogas malas: LSD, cocaína, heroína, marihuana, etc., etc., y drogas buenas: alcohol, tabaco, cafeína, teína, etc., etc.

Aquí dejo un torrent de un magnífico documental [en inglés] titulado Peyote to LSD...A Psychedelic Odyssey en el que un protegido de Schultes, Wade Davis, vuelve a recorrer sus pasos a través del Amazonas, participando en ceremonias nativas, su encuentro con el jefe Cafan Randy Borman, que arrastra tras de sí una interesante historia, visitando laboratorios en Suiza para conocer la evolución de las sustancias psicodélicas, desde plantas sagradas al LSD. También aparecen destacados componentes de la generación beat, los acid test, donde solía actuar un grupo llamado The Warlocks, más tarde conocido como Grateful Dead o un momento impagable donde una reputada curandera, María Sabina, relata como preparó una ayahuasca o yagé, que contrariamente a lo que se piensa, no es una planta sino una combinación de varias y que también, contrariamente a lo que se piensa no es alucinante, ni estimulante, al mismísimo John Lennon. De hecho hoy en día se estudia el empleo de la ayahuasca para tratar enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer.
Cuanto más penetras en el mundo de teonanácatl, más cosas se ven y miras nuestro pasado y nuestro futuro como una sola cosa que ya se llevó a cabo, que ya sucedió(...)Veo caballos robados y ciudades enterradas cuya existencia es desconocida y que están a punto de salir a la luz. Veo y sé millones de cosas. Conozco y veo a Dios: un inmenso reloj que palpita, esferas que giran alrededor de adentro de las estrellas, la tierra, el universo entero, el día y la noche, el llanto y la sonrisa, la felicidad y el dolor. El que conoce hasta su fin el secreto de teonanácatl puede ver esa infinita maquinaria de reloj [María Sabina]
[*] Plantas de los dioses -las fuerzas mágicas de las plantas alucinógenas- [el libro completo en español que además cuenta con una importante e ilustrativa colección de excelentes fotografías]

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lunes, septiembre 22, 2008

Francis Crick, el secreto de la vida y el LSD

Un día de Marzo de hace 55 años, en un ya legendario laboratorio, el Cavendish Laboratory, cercano al Eagle Pub en Cambridge, Reino Unido, mientras degustaban unas pintas de cerveza amarga, Francis Crick y su colega de investigación James D. Watson anunciaban al mundo el descubrimiento del secreto de la vida, es decir, la estructura en doble hélice del ADN.


Francis Crick que falleció el 28 de julio de 2004 a la edad de 88 años era ferviente admirador del autor de la celebérrima novela Brave New World, conocida en castellano con el título de Un Mundo Feliz. Estamos hablando del mismo Aldous Huxley que en la serie de historias cortas, Las Puertas de la Percepción -Cielo e Infierno-, relató sus experiencias con el LSD, la mexcalina y otras drogas alucinógenas que en los años sesenta y principios de los setenta llegó a convertirse en objeto de culto del movimiento y cultura hippie. Crick, a pesar de su imágen asociada al establishment de la época, había sido miembro fundador de Soma, un grupo pro legalización del cannabis, llegando a firmar una carta dirigida al diario The Times, allá por 1967, en la que se abogaba por una reforma de la legislación sobre drogas. Fue a través de su militancia en el citado grupo que Crick, sin realmente proponérselo, se convirtió en fuente de inspiración de la mayor operación que el mundo había visto en el campo de los narcóticos hasta esa fecha, una fabrica de LSD sita en una granja de País de Gales que fue destruida en una operación policial con el nombre clave de Julie.


La relación de Crick con los círculos delictivos resultó efímera pero crucial . En 1967 invitó a su casa de Cambridge al escritor norteamericano David Solomon, amigo del gurú del LSD, Timothy Leary, con el fin de encontrar un procedimiento con el que fabricar THC puro. La presencia de Crick en el círculo social de Solomon atrajo a un brillante bioquímico, Richard Kemp, quien pronto se convertiría en un apóstol de la causa, tanto del cannabis, como del LSD. Kemp fue captado para el proyecto en 1968 y poco tiempo después dieron a conocer al mundo el primer método seguro de producción de LSD puro. Solomon y Kemp, se pusieron manos a la obra y llegaron a manufacturar LSD por valor de 2,5 millones de Libras, cifra realmente alucinante hace cuarenta años, antes de que la policía acabara con el negocio en 1977. En aquella operación se incautaron productos químicos y LSD como para fabricar al menos 2 millones de dósis.

Nota.- Francis Crick estaba bajo la influencia del LSD cuando dedujo por primera vez el descubrimiento por el que más tarde fue galardonado, junto a su colega Watson, con el premio Nobel de medicina en 1962. Años más tarde, en 1975 , se hizo también merecedor de la medalla Copley de la Real Sociedad de Londres que desde 1731 se otorga al reconocimiento al trabajo científico en cualquiera de sus campos.

Fuente

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